9 de abril de 2011

¿Causa, consecuencia?

No sé si esto ha llegado demasiado lejos. No sé qué se sabe y qué no. No sé cuál es la verdad. No me avergüenza nada aún así, ya que todo lo he elegido yo. Y todo lo he querido yo. Siento lo que quiero, siento lo que deseo. Y no tengo ningún pudor en decir que estoy completamente enamorada de una persona que... bueno. De una persona. No es una mala persona. Al contrario. A mí me parece la mejor persona del mundo. Pero... bueno, no creo que a estas alturas haya nada que objetar o que sacar a la luz. La gente piensa y dice lo que quiere. Y mientras que todos hablan y piensan, yo me escondo en un blog. Me refugio tras una pantalla. Me muestro. Claro que me muestro ante todo el mundo. Pero no se sabe quién soy yo. Mejor así. Hay cosas que no sabe absolutamente nadie. Y creo que es mejor que haya cosas de mí que sólo sepa yo. Mis verdaderos sentimientos nunca deben ver la luz. No son malos. Yo tampoco soy una mala persona. Pero no sé si alguien llegaría a entender todo esto alguna vez... A mí, desde luego, no me cuesta entenderme. Pero el resto del mundo no es yo. Yo ya he dicho que estoy completamente enamorada. Y ya he hablado mucho más de la cuenta. Son casi las 3 de la mañana, y sigo despierta escribiendo todo esto. Porque me estoy ahogando, y no sé qué está ocurriendo. Está girando todo tan rápido, que sólo puedo quedarme en medio y ver cómo todo da vueltas a mi alrededor. Veo cómo gira todo a una velocidad tan vertiginosa que incluso siento náuseas. Todos los días en cualquier momento, siento ganas de vomitar. De vomitar odio. Que alguien venga y me explique todo esto. Que alguien venga y me explique por qué me siento como una marioneta. Que alguien venga y me diga la verdad de una vez, que últimamente parece que os cuesta a todos un poco. Me da todo tanta vergüenza... y mira que te adoro, pero a veces no te entiendo. Entiendo que haya cosas a las que no sepas qué contestar. Entiendo que haya situaciones que te parezcan incómodas. Pero no entiendo que dejes de hablarme. No entiendo que pases de mí. No entiendo que no me mires. No entiendo nada. No entiendo por qué me caliento la cabeza con esto.
No entiendo por qué sigo escribi...

24 de febrero de 2011

Despegando.

Dicen que me pierdo, y que a veces no me encuentro. Que divago en mis pensamientos y que nadie es capaz de saber el lugar exacto en el que estoy en cada momento. Dicen que sueño demasiado, y que ni vivo ni disfruto los minutos que atan las cuerdas de mi reloj. Dicen que estoy muerta, y que mi renacer está lejano como el cielo, e invisible como el tiempo. Dicen, dicen y dicen. Y entre tantos borbotones de incoherencias nace el demonio que dicta nuestro porvenir. "Recomponiendo renglones torcidos, es imposible muy a tu pesar". Quizá me duerma, pero mis ojos están abiertos. ¿El final? No existen los finales. Existen las pausas para coger aire. Así que aquí sólo se pueden ver comas, y algunos puntos. Pero nunca finales. Y resistiré. Claro que resistiré.
"Resistiré hasta el fin"
, decía mi maestro.

6 de febrero de 2011

Reconduciendo.

He vivido tanto preocupándome de todo estos días, que no me he parado a pensar en mí misma ni un solo segundo. No me he parado a pensar por qué al principio todo era tan fácil y ahora tan difícil. He dejado de creer en realidades futuras, y aunque no pueda dejar de soñar con nuestro aún posible futuro, hoy me importa más el presente. Necesito vivir un hoy, no un mañana que no existe. He estado tantos años inventándome mi futuro que no he disfrutado ni un solo minuto del momento que estoy viviendo. Se acabó, repito una y otra vez. Mas hay cosas que no dejan de torturar mi cabeza. Me importa demasiado lo que pienses de mí, y, ¿sabéis? Eso no es malo. Porque gracias a eso, hago las cosas bien. Aunque no vayas a estar nunca orgulloso de mí, por el simple hecho de que eso ya no importa, de que no importa nada (y que, posiblemente, no importará jamás). Aunque no vayas a sonreír al pensar en mí, no quiero decepcionarte. Quiero demostrarte al menos que no soy tan idiota como hace un año. Y que se acabaron las caretas sonrientes y las caras tristes, porque, al fin y al cabo... "Esto no es malo", ¿no?
Este blog, empezó como un proyecto de encerrar todos los recuerdos para siempre, era un proyecto feliz. Era un proyecto bonito, y lo será por siempre. Felicidad encerrada en letras que esperan ser leídas. Sonrisas encerradas en frases con ingentes cantidades de sinsentidos. Eso era "Amanecer en marte". ¿Por qué ahora tengo que convertirlo en un proyecto triste, marchito, vacío y sin vida? Jamás traicionaré mis principios, y uno de ellos era que, pasara lo que pasara, nunca iba a caer. Dan igual los recuerdos. Seré feliz, pero esta vez con ellos. Porque estos no quiero borrarlos. Estos quiero conservarlos para siempre, y no abandonarlos. Guardarlos en el hueco de mi corazón hasta que un día quieras venir a rescatarlos.

Siempre tuya,
Sadness

26 de enero de 2011

Veintisiete horas más tarde

Y me gusta sentir que te amo. Me gusta sentir esa opresión en el estómago y esos nervios de no saber qué hacer o qué decir. Me gusta ver mis manos temblar, y notar cómo mi corazón quiere salir del pecho. Me gusta porque hace que me sienta viva, aunque duela muchísimo. Aunque quiera acabar con todo, irme corriendo y saltar a tus brazos. Todo a la vez. Aunque quiera perder la sonrisa para siempre y gritar eternamente. Porque sé que estas cadenas son lo que me hace libre, y la paradoja en un mundo donde la ilusión ha sido cercenada es tan reconfortante como necesaria. Así que desde aquí, clavando las rodillas en el frío y mojado suelo te ruego que llenes mi vida de paradojas. Que tiñas mi corazón de azul, y que plantes mil ilusiones en él... de nuevo. Te imploro con los ojos ensangrentados de amargura que borres para siempre el gris de mi vida y de mi mente. Que vuelvas, y que llenes de color un lienzo que la tristeza ha tornado negro con el paso de los años.
Es invierno también en el infierno... y me estoy helando aquí abajo.

22 de enero de 2011

Y otra vez

La sensación de que nadie me ama, la sensación de que nadie va a amarme por muy maravillosa que sea, que lo soy. Necesito amor. Necesito querer, y tener una sonrisa por la que luchar, una sonrisa que conseguir. Necesito la inspiración de un corazón que arde latiendo con fuerza una sangre que hierve. Necesito la intensidad de una mirada que dice "soy feliz". Necesito tu calor, y tus brazos en enero. Que hace frío ahora... y no sé con qué abrigarme. Y es que, con los dedos congelados me estoy quemando por dentro. Mi castillo sigue derrumbándose. Y los soldados de mi corazón ya no pueden luchar más por ti. Siento que he llegado al final, y que voy a dejar que todo fluya mientras sigo esperando que aparezcas por casualidad, en cualquier parte.
Mientras sueño con estar en el lugar adecuado en el momento justo.

19 de enero de 2011

Adelante

Intentando ver que todo está bien ahora, a veces no puedes evitar recordar lo que eras antes. Y sentirte extraño, como el agua dulce que cae al mar y se pregunta "¿Qué hago aquí?". Dejar de vivir un momento, y verte a ti en medio de un montón de personas que caminan sin rumbo en todas las direcciones, ¿y hacia dónde camino yo? Mi veleta ha menguado a norte y sur. El sur ha sido bloqueado por un montón de rocas, y ya no puedo retroceder sobre mis pasos. Recuerdo el principio del camino, recuerdo los olores, y recuerdo ese sentimiento. Recuerdo que nunca me había sentido así. Y recuerdo toda la tormenta, "porque esta noche será la noche en la que me enamore de ti". Y aunque no me quede nada, seguiré creciendo hasta convertirme en lo que quiero ser. No importa lo que duela, y no importa lo que tenga que sacrificar si consigo cumplir mi único deseo en la vida. Volveré a proteger mi corazón contra la enfermedad de tu sonrisa, y le pondré doble armazón para que no pueda entrar dentro tu mirada. Ya he olvidado los rizos y los diez de agosto. Y ahora no quiero olvidar los ojos que una vez fueron capaces de atravesar todo mi cuerpo y fundir mi alma. Ahora quiero vivir y esperar a que tus brazos vuelvan a rodearme durante el resto de mi existencia. Ya no volverán a existir días grises en mi vida. Aunque me sienta exactamente igual que hace unos años, esto es completamente distinto. Lo sé porque yo soy distinta. Porque tú eres distinto. Porque nuestra historia es distinta. Y porque, sin ti, ahora todo es distinto.

23 de abril de 2010

Capítulo 1 - Esquizofrenia

Domingo, 8 AM

Mary terminó de recoger el desayuno después de “Molinos de viento”, un programa de radio que hacía años que escuchaba todos los días. Cruz saltó ágilmente a la encimera, posando suavemente las almohadillas de sus patas sobre el mármol. Mary le acarició desde la nuca hasta la cola repetidas veces, y se dio la vuelta, caminando hacia su habitación. Contempló la gran cristalera que ocupaba toda la pared izquierda del salón. Era algo que todo humano querría desear. Era como una ciudad encerrada en una cúpula, una bola de cristal gigante. La puerta de su habitación estaba entreabierta, y a ambos lados se podía observar todo el esfuerzo que Mary había invertido todos estos años en soledad. Lienzos pintados por sus propias manos. Cruz solía ser el protagonista. Aquel bello gato que acompañó a Mary durante tanto tiempo había sido su fuente de inspiración. ¿Quién necesita amigos, familia, pareja o similares viviendo con esos ojos cegadores? Hacía rato que Cruz la seguía, observando sus movimientos. Los ojos del peludo animal eran blancos, normales como los de cualquier otro gato, pero con un brillo especial. La gula y la avaricia se reflejaban en el destello de sus ojos, y en la noche deslumbraban... y salían a cazar.
Mary odiaba limpiar. Su cama estaba deshecha en medio de la habitación, obstaculizando el paso junto con diversos objetos que aún estaban en el suelo. Encendió la radio. Tarareaba suavemente canciones de Los Beatles mientras rebuscaba por los cajones.

-¿Qué buscas? -maulló Cruz.
-Busco la llave que nos abrirá paso al nuevo mundo, Cruz. Recuerdo que la dejé por aquí, en alguna parte... si no tuviera todo este desorden... -resopló-
-¿Esquizofrenia? -bromearon los ojos del gato.
-¡Cállate, maldita sea! -gritó Mary- Yo no he estado toda mi vida en este lugar. Me otorgaron la llave, y vine hacia aquí. Quería observar a esta gente, Cruz. Quería... enseñarles que hay vida más allá de las pantallas de su ordenador, de venezolanos con historias imposibles en la televisión... quería que supieran que correr detrás de una pelota no es lo más importante en este mundo. Y ahora... no puedo volver -Mary cayó al suelo, con el cajón en sus rodillas- ¿Dónde está la jodida llave, Cruz? ¿Dónde demonios la metí? Quiero volver a casa... -susurró mientras las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas- Pero no importa, Cruz. No importa, porque... cuando tenga la llave de nuevo en mi poder, sólo tendré que encontrar la puerta. Y cuando encontremos la puerta, Cruz... Oh, Cruz... vendrás conmigo al nuevo mundo. A mi mundo.
-Hola, esquizofrenia, ¿me estás hablando de un mundo perfecto?
-No, Cruz. Allí no todo es perfecto. Es igual que esto, pero otra dimensión. Otra forma de ver la vida, otra gente, otros... paisajes para pintar. Allí el cielo es verde... ¡o rojo! Del color que quieras pintarlo. Puedes trepar por los arco iris y bajar corriendo, sentado o en patinete. ¡O corriendo encima de un patinete! En mi mundo la vida es como tú quieres que sea... y dentro de poco será nuestro mundo, Cruz.
-Ya lo entiendo... -asintió Cruz.
- ¿Sí?¿De verdad? -los ojos de Mary brillaron de ilusión- entonces, ¿me ayudarás? Muchísimas gracias, Cruz... Gracias por entenderme... Porque me entiendes, acabas de decirlo... ¿verdad?
-Claro, te entiendo. -Cruz sonrió y miró a Mary a los ojos- Te pinchas.

Mary bufó y levantándose volvió a colocar el cajón en su sitio.
-Jodido gato -murmuró.

Cruz sacó las uñas y arañó el armario en señal de protesta. ¿Quién se había creído que era para hablarle así?


Lunes, 01 AM

Mary pasó toda la tarde regañando a Cruz a cada paso que daba, dándose golpes contra las paredes, mirando la hora, atrasando y adelantando relojes, saltando sobre las mesas, lamiendo la cristalera y sentándose encima del piano. Uno de los golpes le había abierto una brecha en la ceja, y otra en la frente. Sin embargo, cuando la sangre llegaba hasta sus labios, la lamía y se pasaba las horas intentando llegar con su lengua hasta la herida para poder curarla. Había perdido el control sobre sí misma. Hacía tiempo que lo había perdido. Se cambió de ropa treinta y cuatro veces para mirar si la llave a su paraíso estaba dentro de los bolsillos de los vaqueros que nunca se quitaba. Estaba obsesionada y totalmente convencida de que había una llave capaz de hacer que saliera al exterior. Y no estamos hablando de la calle. Hablamos de otro mundo: un pasaporte para llegar a Marte. Los vecinos pensaban que estaba loca. Mary reía. Mary reía a cada paso que daba. Esta vez estaba en su habitación, agarrada al alféizar de su ventana, con la sangre seca y las heridas cicatrizadas. Aún brotaba un poco de sangre que no tardaba en fundirse y secarse con el resto. La camiseta estaba completamente roja. Debería de haber perdido más de medio litro de sangre... y reía. Reía con fervor mientras contemplaba las estrellas. La luna se reflejaba en los ojos de la pequeña Mary Lou. Tenía siete años, aunque ella afirmaba tener treinta y cuatro, como las veces que se había cambiado de ropa aquella tarde. Y no podía parar de reír. El dolor ya era tan intenso que apenas lo notaba, y eso hacía que riera más. Los pulmones le ardían, y su diafragma no daba más de sí. Su garganta estaba enrojecida y su voz quebrada. Las lágrimas de felicidad acumulada que habían desbordado sus lagrimales se mezclaron con la sangre de las brechas, que empezaban a infectarse. Y lo más importante no era eso, sino que nadie había tenido el valor suficiente para acercarse a Mary Lou. Y no era por sus grandes ojos, por su siempre presente sonrisa o por su largo, enmarañado y lacio cabello. Era porque, cada vez que alguien entraba en su campo de visión, no era capaz de escapar de la "felicidad" de Mary. Cruz se limitaba a suspirar y a elevar la cola delante del espejo. Era gracioso. Tenía la cola completamente blanca, y al verse con ella en todo lo alto no podía evitar sonreír. Cruz era feliz en su pequeña bola de cristal. Mientras tanto, Mary ya había dejado de reír. Estaba durmiendo. Cruz saltó a la cama para contemplarla unos segundos antes de marcharse. El pelo de la joven había entrado en la herida, y esta había cicatrizado sobre él. La costra era negra y mugrienta, con trozos de pintura y unos cuantos cabellos de Mary dentro de ella. Cruz suspiró y saltó suavemente hacia la ventana. Observó a la rubia con dulzura, como un padre que mira a su hija plácidamente dormida después de todas las trastadas que ha hecho a lo largo del día. A continuación, sin hacer ruido, saltó al jardín y se perdió en la oscuridad. Mary seguía soñando. Una parte de ella aún buscaba la llave, pero era tan pequeña, insignificante y minúscula que nadie podía verla. Cruz saltaba de tejado en tejado, buscando una cura para su enfermedad.
Estaba loca.
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