26 de enero de 2011

Veintisiete horas más tarde

Y me gusta sentir que te amo. Me gusta sentir esa opresión en el estómago y esos nervios de no saber qué hacer o qué decir. Me gusta ver mis manos temblar, y notar cómo mi corazón quiere salir del pecho. Me gusta porque hace que me sienta viva, aunque duela muchísimo. Aunque quiera acabar con todo, irme corriendo y saltar a tus brazos. Todo a la vez. Aunque quiera perder la sonrisa para siempre y gritar eternamente. Porque sé que estas cadenas son lo que me hace libre, y la paradoja en un mundo donde la ilusión ha sido cercenada es tan reconfortante como necesaria. Así que desde aquí, clavando las rodillas en el frío y mojado suelo te ruego que llenes mi vida de paradojas. Que tiñas mi corazón de azul, y que plantes mil ilusiones en él... de nuevo. Te imploro con los ojos ensangrentados de amargura que borres para siempre el gris de mi vida y de mi mente. Que vuelvas, y que llenes de color un lienzo que la tristeza ha tornado negro con el paso de los años.
Es invierno también en el infierno... y me estoy helando aquí abajo.

2 comentarios:

  1. Gracias por comentar en mi blog^^
    He estado viendo el tuyo pero no encuentro donde seguirte!

    ResponderEliminar
  2. sdoñafdkslñfadsigbopdigsdñlfkañdlgkañsdlgkadsñklfañsdlgiadñslgasd
    Sublime. ♥

    ResponderEliminar