28 de febrero de 2012

Soledad

No sé si me estoy engañando a mí misma o si de verdad tengo algún motivo para ser tan feliz. Una persona que siempre sabe quién es y dónde está no habla jamás (Au grand jamais) de confusiones. ¿Cuánto tiempo tengo que estar así? ¿Por qué eso aparece cada vez que me siento mal? Normal o no, es el dolor más grande que he sentido en mi vida. He perdido el juicio. Recordarlo hace que me transporte. Hace que me transporte al dolor y a las lágrimas. Al olor de la sangre. Al sabor de las hierbas. Y cuando vuelvo al presente toda la paleta de colores se ha sumido en la oscuridad. Ni siquiera encuentro el negro al cerrar los ojos. Yo soñaba con un jardín de dimensiones inimaginables y un ángel de enormes alas blancas acariciando mi pelo. Mi obsesión con los ángeles es algo que no tiene cabida en este mundo. Pasado, ¿por qué me atormentas? Tengo miedo. No quiero volver a odiarme. Siento que nadie entiende cómo estoy. Que lo que en el interior de mi corazón yace es demasiado grande y complejo para el resto. Si amo hasta no ser capaz de sentir nada más, ¿por qué no se aprecia todo lo que quisiera? ¿Acaso no lo grito y lo expreso con todas mis fuerzas? Y si usar todas mis fuerzas no sirve de nada... ¿soy débil? Si soy débil, ¿qué he estado haciendo todo este tiempo? ¿A qué he estado jugando? Dejadme sola. ¿Por qué nadie entiende el dolor que sentía en diciembre? Prometo que no es algo descriptible. ¿Nadie sintió el fuego a través de mí? Hielo y fuego luchando por conquistar un yermo corazón, ¿y no fueron capaces de verlo? Soñar con ángeles y olvidar las pesadillas. Volver a la vida.
...¿y ya no soy la persona más importante de nadie?