29 de enero de 2012

Renacer

Siento el tacto de mis pantalones. Siento que es invierno, y siento su frío. Todos mis sentidos, destrozados por los golpes, han renacido con más fuerza que nunca, permitiéndome ver, una vez más, la belleza de todo lo que me rodea. Hacía tiempo que no sentía que una persona era capaz de hacerme amar la vida con tantísima fuerza tan solo con unos minutos. ¿Rendirme? ¿Después de todo lo que he sufrido para llegar hasta aquí? Jamás. Nada va a consumirme nunca. Vuelvo a ser fuerte. Vuelvo a sentir. Poseo la mayor ilusión del mundo lista para ser volcada en todos y cada uno de mis planes. Desde aquí le doy las gracias a ella, por hacerme revivir. Las gracias más enormes y sinceras que recibirá jamás, ya que nadie en este mundo puede estar tan agradecido como yo, y nadie en este mundo puede deberle tanto a una persona, sean cuales sean las circunstancias. Soy feliz. Mi cuerpo tiembla de felicidad. Es la sensación más maravillosa que he sentido en toda  mi vida. Me he sentido así tan pocas veces, que volver a recuperar todo esto es el mayor regalo que podría haberme sido ofrecido. Y al diablo con el resto. Me quedo con la euforia y con la esperanza de volver a repetir algo tan maravilloso como fue poder ver a la persona más importante de mi vida. No volveré a ser marioneta de nadie, ni volveré a soportar indirectas vejaciones que ataquen directamente a mi corazón. Se acabó. Ha terminado todo el dolor, y ahora es cuando empieza mi libertad. Ahora es cuando empiezo a vivir. Y haga el frío que haga allí fuera nunca dejaré de volar, pues el calor de mi alma nunca congelará mis alas.

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